Colección Fonografía Artística: Rosita y Margarita

Otra mas de la casa de grabaciones de Efraind Band con sucursales de venta, fuera de la casa matriz ubicada en la capital, en Valparaíso en calle Condell Nº 96, en Concepción, Iquique y Antofagasta... esta vez se trata de una cueca interpretada a dúo por dos damas y acompañadas del tradicional piano, la cueca se llama "Rosita y Margarita".
El audio no ha podido ser muy bien restaurado por problemas con la pasta del disco y una rutura complicada en su estructura, sin embargo lo que se puede escuchar es realmente un tesoro.


Rosita y Margarita .mp3 -

Colección Discos Royal: Tocando el Saxofón

De la compañía Royal Records ganadora de la Medalla de Oro, primer premio en la exposición de Bolivia de 1925 y Medalla de Plata, primer premio, de la exposición centenario de Chile en 1910, hemos extraído esta grabación de un "Charleston Cantado" como lo señala la carátula y que se titula "Tocando el Saxofón" el que es cantado por un baritono sobre la base de la melodía "Es Elena". Según se consigna, es parte del repertorio en español que tenía esta particular compañía discográfica.


Tocando el saxofon.mp3 -

Colección Fonografía Artística: Siglo Veinte

Es muy difícil de repente encontrar material de la casa de Efrain Band, mas el poco que vamos rescatando se va subiendo al blog, esta vez se trata de una tonada denominada Siglo Veinte de autor desconocido como muchas grabaciones de Fonografía Artística, interpretada por un dúo femenino y acompañado de piano. Disfruten esta tonada.


SIGLO VEINTE ,mp3 -

Colección Discos Royal: Entrada de los Gladiadores

He aqui una melodía por todos conocida, pero desconocida su historia... se trata de la típica melodía que asociamos a las actividades circenses, trapecistas y domadores, su nombre es "Entrada de los Gladiadores" o "Marcha Florentina" cuyo autor es Julius Fucik (1874 - 1916), este autor escribió varias marchas, mas tambien se dedico a escribir música ligera de su época y operetas.
La versión que podemos escuchar esta extraída de un Disco 78 RPM de la emprea "Discos Royal", cuya historia contaremos mas adelante, si bien el disco dice Repertorio Nacional, en referencia a nuestro país, podemos deducir que se trata de una banda chilena la que toca el tema. No tenemos referencia en cuanto al año de grabación, espero que la disfruten!!.


ENTRADA DE LOS GLADIADORES .mp3 -

Amarte. (A Patricia Olivera C.)

La pluma se ha dejado caer
plácida de acostó en el paste verde
aquel que regado por las aguas
suaves, tranquilas y mansas
como mis manos que acarician
tus suaves mejillas
al instante en que el sol
mudo testigo de este amor
se esconde entre nubes
llenando de rojos colores
el cielo del cual vienes
en el que sueño vueles.

He recogido tu pluma
y he descansado vuestra alma
blanca como espuma
en su piel mas interna
morena y soledad
la hermosura externa
labios dulces,
manitas firmes,
ojazos de cielo...
amo tu cuerpo entero
todos tus deseos
tus cálidos besos,
aquellos brazos que me atajan
de donde no quiero arrancar
y quiero en ellos ahogar
todas mis ansias de amar.

Abrazado a tu suave pecho
aprendí a conocer el amor
aquel que la noche me arrebató
cobardemente de mi lecho,
mas hoy me has devuleto la ilusión
de recitar la bella canción
que nos ata a esta fantasía
apartandonos de la lejanía,
acercandonos al encuentro
de los amantes cuerpos
bañados de luz de luna,
empañados de bruma.

He aprendido a amar tu vida
cobijarme en tu alma
bañarme en tus ansias
dormirme en la nostalgia
de volverte a encontrar
en mi lecho al despertar,
sueño inconcluso y misterioso
como un tesoro que busco
a tientas en tu cielo
que no detiene tu vuelo...
no detiene tus amados brazos,
pero si me regala un beso
cada vez que aterrizas
de improviso en mis ansias
regando de pasión
cada rincón
expectante de tus labios
acechantes de tus pasos...

Comence a amarte,
descubrí como recitarte
a conocer y acariciarte
con mis labios besarte
en mis manos atarte
y en mis brazos encarcelarte,
todo eso aprendí,
lo que de ti conocí
que me ha echo enamorarme,
en cada sueño desearte
convertirme en cautivo
de tus besos furtivos
que hoy tanto necesito
con los que sueño despierto
y me han hecho escribir
estos versos para ti.

Homenaje a Violeta Parra

“Dulce vecina de la verde selva, azul verde y granate, grande enemiga de la zarzamora, Violeta Parra…” Nicanor, su hermano le dedicó estos versos a la mujer de Chile y América a la golondrina trovadora que desentrañó nuestra identidad y nos brindó lo mejor de su persona.

Hoy en este mes de febrero, recordamos un año más, con tristeza su trágica muerte… de ello hablaremos, mas para conocerla que mejor que comenzar porque ella nos cuente, su historia Violeta nos la relató en sus Décimas Autobiográficas, las cuales, algunas, fueron musicalizadas por el maestro, también desaparecido, Luis Advis e interpretadas por el conjunto Inti Illimani en el año 1972 en una obra conjunta con Isabel Parra, llamada “Canto para una Semilla”.

Violeta nos presenta así su infancia:


Cantar es lindo deleite

mucho mejor con guitarra,

quien le hace el quite a la farra

se va como por aceite.

Sin mañas y sin afeites

puede llegar la cantora,

cantarle a la buena aurora

como lo hace el chincolito

o cantarle al angelito

como la Virgen Señora.

A eso vengo mis señores,

a cantar cantos colmados

de versos tan delicados

como perfectos primores.

Aquí mostrarán dolores,

allá pedirán mudanzas

llenas de fe y esperanzas

de nuestros amargos males.

Fatal entre los fatales

yo seguiré estas andanzas.

Empezaré del comienzo

sin perder ningún detalle,

espero que no me falle

lo que contarles yo pienso.

A lo mejor no convenzo

con mi pobre inspiración.

Se larga la descripción

sin coilas y sin engaños

reculando algunos años

y mudando al caserón.

Ya están sonando instrumentos

y diré con gran estilo

señores demen permiso

aquí presento a mi abuelo:

José Calixto su nombre

fue bastante respetao

amistoso y bien letrao

su talento les asombre.

Mas le aumenté su renombre

al decidir muy en breve

no más entre marte'y jueves

procura mostrar su honor

defendiendo el tricolor

del año setenta y nueve.

En la ciudad de Chillán

vivía en un caserón

dueño de una población

de gran popularidad.

Pa'mayor autoridad

manda a su hijo a la escuela

y a petición de mi abuela

le va a enseñar a solfear

para una orquesta formar

de arpa, violín y vihuela.

Ya ven mi abuelo José

con la música en la mente

y quién hubo más prudente

como mi otro abuelo fue:

Mi abuelo por parte'e maire

era inquilino mayor

capataz y cuidaor

poco menos que del aire.

El rico con su donaire

lo tenía de obligao

caballerizo montao

de viñatero y rondín,

podador en el jardín

y hortalicero forzao.

Al verlo a primera vista

parece mi lindo abuelo

algún arcángel del cielo

gemelo de un Juan Bautista.

Azules sus pupilitas,

dorada su cabellera,

montao en su yegua overa

no hay niña que no lo mire

ni vieja que no suspire

por detracito'e mi abuela.

Me pongo a pensar un rato

y mis taitas aparecen

ojalá aquí deletree

con claridez sus retratos:

Mi taita fue muy letrario

pa'profesor estudió

y a las escuelas llegó

a enseñar su diccionario.

Mi mamá como canario

nació en un campo florio

como zorzal entumio

creció entre la candelilla

conoció lo que es la trilla

la molienda, el amasijo.



Lo primero que impresiona en Violeta Parra es su franqueza y la seguridad con que habla del folklore. En seguida, se hace evidente su pasión por todo lo autóctono y su sincero deseo de ayudar a los demás para que interpreten y entiendan el folklore lo mejor posible. En una entrevista Violeta señaló[1]: “Entre los años 1938 y 1945 aprendía cantar al género español. Nacida cerca de Chillán (San Carlos), vine a Santiago a estudiar a la Escuela Normal, sin embargo no alcancé a recibirme. Mi interés por el folklore español nació a iniciativas de mi hermano mayor, y llegué a ganar un concurso, en 1944, como la mejor intérprete de ese género. Después de diez años “en esas leseras”, junto con mi hermana Hilda formé el dúo de las Hermanas Parra. Actuamos – interpretando música chilena – en “Fiesta Linda” de Radio Corporación; en Minería; y también grabamos en RCA Víctor canciones originales mías. En octubre de 1953 Hilda y yo nos separamos, y en diciembre de ese mismo año empecé a cantar en Radio Chilena…”. Respecto de cuando aprendió nuestro folklore señaló: “Desde que nací… en Malloa a tres leguas de Chillán, había unas parientes lejanas mías que cantaban muy lindo; una de ellas, Lucrecia Aguilera, me enseñó la base de todo lo que sé ahora…”

En 1938 se casó con Luis Cereceda, un empleado ferroviario, con quien tuvo dos hijos, Ángel e Isabel, y con quien se trasladó temporalmente a vivir a Valparaíso. Pero la vida familiar convencional no era algo que le acomodase, y no tardaron en surgir las peleas entre este marido convencional y una esposa nada dócil y llena de distracciones. Tras un período en el que alcanzó cierto renombre interpretando en vivo cuplés, Violeta comenzó lentamente a destacar en el circuito de folcloristas: ya había hecho varias presentaciones en radios y hasta se había unido a un grupo de teatro. No era, precisamente, un ejemplo de esposa abnegada, y su matrimonio con Luis Cereceda terminó en 1948.

Fueron así, dos sufrimientos los que acompañaron la vida de Violeta Parra, las penas del amor y las de la pobreza. Violeta las enfrenta con vigor, con rudeza, incluso sin un temor visible. Angel Parra recuerda parte de la vida de Violeta tal como sucedía alrededor del año 1957, dice Angel: “Vivíamos con mamá en una pieza de madera allá en La Reina con un piso de tierra, en invierno hacía un frío terrible, nos tapábamos hasta con el estuche de la guitarra – verdad, créeme – el peso del estuche provocaba un poco de calor, al menos así creíamos. A las cuatro de la mañana me despertaba para que fuera a robar agua a una acequia que quedaba a cuatro cuadras, allá iba yo mandado por la Violeta, pisando escarcha y maldiciendo el espíritu higiénico de mi mamá…”

Con esta primera derrota amorosa en el cuerpo, Violeta se traslada nuevamente a Santiago en donde sigue su labor musical y así es invitada en 1955 a un festival de la juventud en Polonia donde ante jóvenes de todo el mundo canta llevando un pedazo de su tierra. A su regreso, en su pasada por París graba un disco para Cantos del Mundo del Museo del Hombre, de vuelta ya en Santiago encuentra que su pequeña hija, Rosita Clara ha muerto, para ella escribe estos “Versos por la niña muerta”, al estilo de los más tradicionales cantos a lo humano de nuestra gente humilde.

Como queriendo aturdirse en el trabajo, Violeta inicia en 1956 la grabación del primer disco de larga duración sobre el Folklore de Chile, desde ese año y hasta 1958, uno tras otro van saliendo los discos destinados a la difusión del folklore chileno, completándose un total de 8 volúmenes. Realiza giras a lo largo de todo el país difundiendo los valores del folklore investigado hasta ese momento, y también dando a conocer sus propias composiciones, ¡porque esto es importante de destacar!, aparte su excepcional trabajo de investigadora y difusora, gracias a su talento pudo impregnar esas manifestaciones de un aliento más universal.

Con esta denuncia constante acerca del dolor de sus hermanos chilenos y americanos, Violeta Parra recupera para la poesía y para el arte su razón más profunda de existir. No ser un producto de consumo, de compra y venta, sino ser elemento con función propia dentro de la sociedad, como Homero, como Píngaro, como los juglares, ella recoge el saber de su pueblo lo comunica y lo hace trascender.

Violeta Parra, recoge y sintetiza musical y humanamente grande centros artísticos y laborales de Chile… Violeta consigue a través incluso de una sola canción resumir a toda una región chilena, sus características, sus dramas, sus estilos artísticos, el Guillatún, por ejemplo recupera el ritmo de las danzas rogativas araucanas y también el llanto que aqueja al habitante de Cautín en una magistral síntesis.

Así mismo supo Violeta recoger la pena infinita que aqueja al leñero chilote, ese que navega en sus barcas según el favor del viento.

La cantora del sur conquistada por el norte, logra una suma musical que se nos ofrece en su composición titulada “Y arriba quemando el sol”, en que se produce una mezcla de motivos mapuches y quechuas. Es la vida de la gente del desierto la que sale a la luz en este canto de protesta, en donde el ritmo acompasado de los instrumentos de percusión es realzado por la voz dolorida de la quena.

A principios de la década del sesenta, Violeta Parra sufre una enfermedad que la deja en cama por varios meses, toma entonces algunos “trapitos” e hilos y se convierte en arpillerista… inventa todo, técnicas, materiales, formas, renovando temas como el de la crucifixión, el de Arturo Prat entre otros.

Expone en la feria de artes plásticas, donde nadie da importancia al arte ingenuo; cuando viaja a Buenos Aires a exponer muy pocos creen en ella… algún tiempo después viaja nuevamente a Europa, recorre Finlandia, la Unión Soviética, Alemania, Italia, Francia. En París, Violeta vivió en suburbios miserables, en casa de sus amigos, en hoteles de mala muerte, hasta que por último se acomoda con otros chilenos en una sola pieza. Ella así nos cuenta en sus décimas: “Viví clandestinamente con tres chilenos gentiles, lavándoles calcetines…”.

Un día Violeta Parra decide ir al Louvre a exponer sus creaciones, cuando se sabe en Santiago de Chile la gente no puede creerlo, esa tarde de agosto de 1964, Violeta está vestida con traje sencillo negro con el pelo suelto y la cara lavada, como una campesina cualquiera del campo chileno. La sala estaba repleta de personalidades, coleccionistas de fama, autoridades y artistas. Sus tapices, sus pequeñas pinturas de aspectos populares y unas estatuas de alambre estaban en el importante pabellón Marzan, mientras en la sala de al lado se tocaban sus discos. Se recuerda de ese viaje un tema que canta en francés grabado en París, con ritmo de vals messetti, con este demostró ser una verdadera detectora del espíritu popular no importa de cual región. Llega a Chile a finales de 1964, en la maleta trae un libro suyo editado por François Maspero, “La poésie populaire dans les Andes” (Poesía popular de los Andes), con poemas y grabados. Trae reconocimientos y triunfos, recitales y la alegría de haber dado a conocer una faceta diferente de Chile en Europa.

Sin embargo ya en Chile, camina decididamente por un camino de soledad y tristeza.

Su segundo matrimonio con Luis Arci está desecho hace ya tiempo, vive ahora un amor casi adolescente con el musicólogo Gilbert Favré. Con sus hijos Isabel y Angel instala una Peña en calle Carmen, desde abajo seguirá difundiendo folklore, su labor a llegado a un punto tal de madurez que le permite teorizar sobre la creación musical. Nos dirá Violeta: “Escribe como quieras, usa los ritmos que te salgan, prueba instrumentos diversos, siéntate en el piano, destruye la métrica, grita en vez de cantar, sopla la guitarra y tañe la corneta. La canción es un pájaro sin plan de vuelo que jamás volará en línea recta, odia las matemáticas y ama los remolinos”. Realizará también entrevistas en que dejará plasmados su gustos musicales y su crítica a algunos artístas folklóricos de la época: “La única interprete verdadera del folklore es Margot Loyola (con quien tuvo una amistad muy estrecha). ¡Que pena me da ver a tantos elementos de calidad, como el Dúo Rey Silva, el Dúos Bascuñán Del Campo, Margarita Alarcón y otros, que no tienen una orientación clara respecto a cómo es el folklore!. Me gustaría poder formar un curso de orientación histórica de la canción chilena, donde los intérpretes pudieran aprender el verdadero folklore y la manera de interpretarlo, sus raíces. Lo haría con toda el alma y sin cobrar un centavo. Es un crimen que intérpretes de calidad estén cantando – y grabando – mambo, etc. No tengo voz como cantante, pero imagino que una voz hermosa como la de Margarita Alarcón podría sacar partido a nuestro auténtico folklore. Y no pretendo tampoco ser una verdadera entendida en el folklore, porque mi sueño sería recorrer el país entero, empapándome en su música para conocerla, y luego darla a conocer a los demás”.[2]

Por discrepancias con sus hijos, decide instalar una carpa en La Reina, contra viento y marea, considera que esa será un centro de folklore de difusión de nuevos grupos, reunión popular. Los planes de Violeta, sin embargo se estrellan contra la dura roca de la indiferencia, entre desalientos y luchas sigue trabajando y compone entonces una de sus creaciones más famosas y logradas “Gracias a la vida”.

Pero el hombre que ahora estaba amando, después de muchos dimes y diretes se irá, dejándola sola, Gilbert Favré, el joven e impetuoso amor de su madurez huye al norte y luego a Bolivia.

Violeta sigue componiendo lo mejor de su producción, escribe las “Décimas Autobiográficas” en versos chilenos, donde plasma sus impresiones y experiencias, en ellas supera una íntima angustia y desesperación reduciéndola a una síntesis original y viva, pero Violeta está cansada y esta sola.

Durante 1966 intenta cortarse las venas, no lo logra, durante el verano de 1967 pide que le dejen mantener sola la carpa, en la noche anuncia que cantará completa sus últimas composiciones recién grabadas para la RCA.

Violeta Parra falleció el 5 de febrero de 1967, pero aquella tarde de domingo tan sólo se apagó la vida de Violeta Parra, algo de ella permaneció, no sólo en sus canciones que están aquí para que las recordemos, sino en sus hijos, en sus discípulos, en su pueblo y aunque no nos sirva de consuelo hemos de reconocer que al morir deja tal herencia que no debemos temer a la muerte.

El poeta Pablo Neruda recordó a Violeta Parra con estas palabras a poco de su muerte:

“Te alabo amiga mía compañera, de cuerda en cuerda llegas, al firme firmamento y nocturna en el cielo tu fulgor es la constelación de una guitarra, de cantar a lo humano y lo divino… voluntariosa hiciste tu silencio, sin otra enfermedad que la tristeza…”

Sí, realmente la vida de Violeta Parra no es una vida fácil es una vida donde el dolor esta presente minuto a minuto, un dolor que la empuja inexorablemente a la fatídica fecha, la fecha en que ese dolor clavará profundamente en el corazón de Violeta su punzada, su estoque final, es el domingo 5 de febrero de 1967, así lo recuerda Alberto Zapicán que vivía también en La Reina, grabó numerosos discos con Violeta y trabajaba en la Peña de los Parra en calle Carmen, recuerda Alberto Zapicán, a quién Violeta dedicó la canción El Albertío: “El sábado en la noche habíamos actuado hasta bien tarde en la Peña de Angel en la calle Carmen, esa noche la Violeta tuvo una pelea muy fea con Roberto, su hermano, porque estaba tomando mucho, incluso tuvimos que sostenerlo para que cantara y esto fue algo que colmó un poco el vaso…(sic) Llegamos a la carpa como a las tres de la mañana, sin embargo Violeta madrugó mucho ese domingo, a las cinco y media o seis ya andaba gritando por un té, pidiendo que alguien se levantara a calentar agua, ella se sentó en la cama y comenzó a escribir, escribió y escribió toda la mañana… tuve una tremenda rabia con ella, así es que me fui a botar a un pino que estaba cerca de la carpa, estaba fumando y leyendo y desde ahí veía que ella pasaba a alguna parte y después volvía a pasar a su pieza para seguir escribiendo, no tocaba la guitarra, se lo pasó escuchando “Río Manzanares”, una canción venezolana que cantaba Isabel y que a ella le gustaba mucho. Escribía desenfrenadamente, terminaba la canción y volvía a poner el mismo disco y así durante toda la mañana…

Almorzamos cerca de la una, ella paró de escribir para venir a comer un zancocho, un revoltijo así en el sartén, no habló ni una palabra; después de tomar el té se fue otra vez a su cuarto y se encerró”.

El testimonio de su hermano Lautaro Parra, de esos minutos del día 5 de febrero de 1967, dice Lautaro: “Después de almuerzo como a esa hora de las cuatro, la Violeta quedó sola, mandó a un empleado que tenía a comprar choclos, porque quería hacer un pastel y humitas, ese momento lo aprovechó para buscar lo que le interesaba, hasta que lo encontró”

Y este es el testimonio de su hija más pequeña Carmen Luisa, recuerda ella: “Yo estaba ordenando algo en la carpa, serían como las seis de la tarde, de repente sentí un balazo, entré corriendo a la pieza y encontré a mi mamá ahí tirada encima de la guitarra con el revolver en la mano… me acerque a ella y la moví, le hablé no me contestó… ahí me di cuenta que por la boca le corría un hilillo de sangre, quede como paralizada, no se por qué, pero lo más instintivo fue quitarle el revolver. Salí afuera de la carpa y le avisé a gritos a las personas que andaban por ahí, de repente se llenó la carpa de gente, llegaron los detectives y después vino una ambulancia a buscarla”.

Los diarios, algunos diarios, informaron en extenso del trágico desaparecimiento de Violeta Parra, el martes 7 uno de ellos decía: “Durante todo el día de ayer se velaron los restos de Violeta Parra en el parque La Quintrala de La Reina, se reunieron cientos de personas para ofrendar su silencioso dolor por la folklorista desaparecida, la carpa antes llena de canciones del pueblo, estaba ahora enlutada, en el interior las sillas dispuestas para recibir a los visitantes apesadumbrados, las lágrimas de los concurrentes, la solidaridad y el dolor llenaban el lugar. Silenciosamente llegan hasta el escenario donde está la urna de Violeta Parra, suben a mirar su cara, tranquila sin una sombra que la empañe… Los condolidos visitantes la miran unos instantes y luego apretando los ojos y tratando de deshacer el nudo de la garganta bajan y se sientan a recobrarse.

Entre toda la gente se pasean llorosos sus hijos, Angel Parra con lentes oscuros y demacrado por las lágrimas derramadas, se sienta camina inquieto, se mueve de un lugar a otro… De pronto un grito desgarrador rompe la noche ¡Dónde está mi hermanita… déjenme verla!, es su hermano Lautaro Parra, luego llega Juan Baez del sindicato circense, la emoción también lo embarga. Más tarde hay otra escena dolorosa… ¡Por qué no me dejan ver a mi mamita!, solloza la Carmen Luisa, la hija menor de 16 años, los amigos la alejan del lugar. Nicanor aparte algo encorvado, Isabel, Roberto, Lautaro y su hermanastra Marta Sandoval, todos unidos en la tristeza sin el calor que supo brindarles esa mujer maravilloza que se llamó Violeta Parra. Grande es el pesar, grande la angustia, el pueblo, su familia y los innumerables amigos que dejó en todas partes, no la olvidan”.

El testimonio de otro diario que el día 8 de febrero informaba del entierro de Violeta, dice: “Al cruzar el cortejo frente a la pérgola del Mapocho, las floristas rindieron su postrero homenaje lanzando pétalos de rosas al paso del féretro, en la puerta del cementerio junto a numeroso público esperaban miembros del sindicato circense y del sindicato de folkloristas, artistas, cantores, cantoras populares venidas especialmente desde Puente Alto y Melipilla… acompañaban los restos entre otros, Víctor Jara, Héctor Pavéz, Rolando Alarcón, Ricardo García, Camilo Fernández, Patricia Chavarría del Conjunto Aukan, Gabriela Pizarro del Grupo Millaray, las Voces Andinas, los integrantes del Grupo Chagual, el actor Julio Young, el actor Héctor Duvauchelle y otros más.

Una vez sepultada Violeta parra, quienes tenían preparadas intervenciones no pudieron abrirse paso entre la marea humana y debieron desistirse de sus intentos. Sólo una trompeta ejecutó un toque de silencio, antes el orfeón municipal había ejecutado la marcha fúnebre de Chopin”.

Pasan los años y en el año 1972 Enrique Rivas cuenta: “Cuando a nosotros nos entregaron estos terrenos se hizo una reunión para cambiar nombre al campamento, esto eran puras toldas y piecesitas de madera y cartón… bueno, ahí todos proponían nombres, pero el único en que quedamos todos de acuerdo fue en ponerle a esta población Violeta Parra porque había que reconocerle ese mérito de ser artista del pueblo, porque las cosas que hemos sufrido, ella las palpó bien y las supo interpretar en sus canciones y esto no creo que vaya a quedar en puro nombre no más, porque ya es conocimiento nacional, porque ella es pueblo y fue y será … y por eso esto de bautizar con su nombre a nuestro población…”.

Ese domingo 5 de febrero de 1967 como a las seis de la tarde la guitarra quedo silenciosa junto a sus tapices, pero cada 5 de febrero recordando a Violeta Parra habrá ocasión para que aquellos compatriotas que no quisieron oírla por su canto renovado puedan meditar en la fuerza de su talento y en la significación de su arte y para que en un día como hoy o en cualquier día olvidando los dolores, las injusticias, la soledad, el desamor… podamos cantar como ella este himno agradecido a la existencia… GRACIAS A LA VIDA, QUE ME HA DADO TANTO…

Violeta se nos fue en su canto, en sus versos. Fue un estrujamiento de sí, un sacrificio permanente, casi nunca comprendida en su absoluta y pura belleza. Por esto fue derrotada. Y al ser derrotada como toda mujer que se entrega, en medio de amor y ternura infinitos, es que dejó este mundo y se fue sin partir, porque dejar todo lo dejado por ella, toda una voz de pueblo, no es morir un poco sino vivir para siempre…[3]

[1] Revista Ecran, 8 de junio de 1954, páginas 18 y 20. Las cursivas son acotaciones del autor

[2] Revista Ecran Nº 1220 año1954

[3] Revista el Musiquero Nº 3 Año 39, Marzo 1967 página 5

Breve reseña histórica Escuela de Derecho Universidad de Valparaíso (1911 – 1969)

En el presente trabajo intentaremos dar un breve recuento a un sinnúmero de hechos importantes ocurridos en la Escuela de Derecho de Valparaíso, ex Universidad de Chile de Valparaíso, actual Universidad de Valparaíso. Si bien son demasiados los acontecimientos que podemos dar referencia, por hacer honor a una visión resumida solamente tocaremos los más importantes que permitan dar una visión integral y objetiva acerca de nuestra historia.


Nuestros orígenes.

La enseñanza del Derecho en el principal puerto de la nación se comienza a gestar a fines del siglo XIX, algunas iniciativas particulares y otras de autoridades eclesiásticas dieron diversos frutos efímeros o permanentes en algunos casos, creando Cursos de Leyes que se expandieron por nuestro Valparaíso. La primera iniciativa data de 1878 y corresponde a un curso privado impartido por los señores Daniel Lastarria y David Campusano, los cuales crearon esta cátedra de Derecho que no tuvo mayor trascendencia, puesto que no logró impartir los cinco años de la carrera, no pudiendo recibirse ningún abogado de sus aulas; sus clases eran impartidas en las aulas del novísimo Liceo de Valparaíso, regido en esos tiempos por don Eduardo de la Barra. En esta liceo fiscal a su vez, tras desaparecer este curso le siguió uno regentado por el abogado, político e internacionalista don José Larraín Zañartu, nacido en 1884, desaparecido al poco tiempo de comenzar sus clases y tratando de resucitar en 1889 sin mayores resultados.

Estos efímeros cursos de aptitud universitaria que se dictaban en el Liceo Fiscal, al modo como el Instituto Nacional de Santiago impartía algunos cursos de leyes, no produjeron frutos permanentes.

El año 1893 será una fecha clave para Valparaíso, en este año se crea por primera vez uno de los cursos que ha tenido larga duración y se ha mantenido incólume hasta nuestros días, la Congregación de Religiosos del Sagrado Corazón de Jesús, crea su propio curso de leyes, del cual nacerá nuestra Escuela de Derecho. Sin embargo este curso, pese a sobrevivir hasta nuestros días, al amparo de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, a la cual se incorporó en 1947, tuvo una breve pausa en su itinerario de educación, tras dos años de funcionamiento en 1895 tuvo que cerrar sus puertas, siendo reemplazado por un nuevo curso particular que volvió nuevamente a instalarse en el Liceo de Valparaíso, se trataba del curso de don Federico Varela que duró seis años desde 1896 a 1901, de sus cátedras, pese a no contar con muchos antecedentes egresaron importantes abogados como don Darío Risopatrón eximio profesor de Derecho Internacional Privado de nuestra Escuela durante las primeras décadas de esta. Finalmente el 14 de abril de 1903 se reabrirá el Curso de Leyes de los Sagrados Corazones permaneciendo hasta nuestros días.

Sin embargo aún no llegamos hasta el establecimiento de nuestra Escuela, el cual se producirá tras un, quizás, pequeño incidente. Nuestro país se preparaba para iniciar sus festejos por el primer centenario de la independencia y en la política se vivía un ambiente de revuelo, tensas discusiones llenaban el aire del Parlamento y las sedes de los partidos teniendo como principal tema de discusión la divergencia entre lo laico y lo eclesiástico, junto al debate por la ley de instrucción obligatoria y las tradicionales disputas entre Liberales y Conservadores. A todo esto se adiciona el convulsionado ambiente cultural que comienza a entregar visiones críticas acerca de la pintura, la música, el teatro y otras expresiones artísticas, las cuales hasta ese entonces miraban hacia lo foráneo y no hacia el país, buscaban de esta manera crear conciencia acerca de lo importante de los temas propios de la Patria y el valor de las creaciones de artistas nacionales. En esta convulsionada escena se entronca la creación del Curso Fiscal de Leyes de Valparaíso, en 1910, la opinión pública se agitaba en pro de la dictación de la Ley de Instrucción Primaria Obligatoria, el dilema era ¿la educación primaria debía ser laica, es decir, con la eliminación de la enseñanza religiosa, o mantenerse con ella?; esto provocó un gran movimiento estudiantil y popular para solicitar el despacho de la ley de enseñanza, lo cual no se produjo sino hasta la década de 1920, para presionar al Congreso se organizaron varios “mitins”, entre ellos, el que nos interesa es el que convocó la Asamblea Radical para el 3 de julio de 1910 y al cual adhirieron un grupo de alumnos del Curso de los Sagrados Corazones, en el cual declaraban abiertamente adscribirse a la opción de la instrucción laica obligatoria[1].

Esta adhesión hecha pública no fue muy bien recibida por la comunidad estudiantil del curso eclesiástico, la cual con la misma fecha publicó una carta de desagravio manifestando de parte de un grupo de alumnos de este curso su protesta enérgica en contra de la actitud de sus demás compañeros[2].

La disputa ideológica se siguió gestando con el correr de los días, motivando la redacción de sendas cartas emitidas por el periódico liberal “El Día” y su par conservador bajo la dirección del rector del Curso de los Sagrados Corazones “La Unión”. Este ambiente enrarecido y confuso se mantuvo hasta el 5 de julio de 1910, en que se publica por “El Día” un telegrama de los alumnos “rebeldes” del curso eclesiástico en que señalan expresamente la petición de que se les borre de la matrícula y listas de ese curso de leyes[3], lo que les provocó una interrupción de su carrera, la cual no duraría más allá de 15 días tras los cuales varios distinguidos abogados porteños, sin esperar la autorización oficial para poner en funciones el Curso, se ofrecieron graciosamente para echar las bases del mismo[4], por mientras los ex alumnos disidentes de la Congregación de los Sagrados Corazones recibían apoyo de la Federación de Estudiantes de Santiago y de ilustres vecinos del puerto que abogaban desde ya para la creación de un curso fiscal para Valparaíso[5].

Pese a la negativa de la Universidad de Chile de crear una Escuela de Derecho en Valparaíso, el 25 de julio de 1910 se creó un curso particular de leyes con 8 alumnos que funcionó en el local del Liceo de Valparaíso, actual Eduardo de la Barra, habilitándose algunas salas para el funcionamiento del curso. Como una forma de darle estructura se formó un consejo directivo compuesto por los profesores, señores Ernesto Hübner, Enrique Rocuant, Daniel Feliú y Hermógenes Toro Marin, secretario fue designado don Aurelio Cruzat y prosecretario don Germán Hertz, se designó como Director ad honorem a don Carlos Rudolph quien se desempeñaba en el mismo puesto en el liceo Eduardo de la Barra[6].

Iniciándose las clases se impulsó la campaña para crear oficialmente un Curso de Leyes, el cual terminó con la dictación del Decreto Supremo que crea el Curso de Leyes de Valparaíso, firmado por don Ramón Barros Luco y Anibal Letelier, fechado el 18 de mayo de 1911. De allí en adelante comenzarían a gestarse el camino glorioso de la Escuela de Derecho de Valparaíso, la cual pese a su importante rol ha debido sortear escollos y salir airosa hacia adelante y hacia el porvenir.


El Curso Fiscal de Leyes.

Tras la importante fecha de 1911, el Curso Fiscal de Leyes dará sus primeros pasos en el camino hacia su solidez institucional. Don Carlos Rudolph ejerció la dirección de este curso junto a la del Liceo donde se impartían las cátedras hasta 1918, durante todo estos siete años desarrolló también la cátedra de Historia General del Derecho. En su mandato se incorporaron importantes catedráticos como los profesores Anibal Cruzat (Intendente, Diputado y Senador de Valparaíso), Gustavo Rivera Baeza (hijo de Guillermo Rivera uno de los firmantes de la proclama por la educación laica), Luis Graham (Senador), Gustavo Labatut (Profesor de Derecho Penal), Jaime Galté, entre otros.

Su mandato terminó en 1918, fecha en que dejó de dar clases y la Dirección del Curso, siendo sucedido por don Ruperto Banderas quién estuvo en ambos cargos hasta el año 1927, fecha en que jubiló.

En 1927 asume sólo por dos meses el Rector del Liceo don Carlos Prado Martínez, tras él se hace necesario designar un director especial, nombrándose a don Aurelio Cruzat, Profesor de Derecho Procesal, quien fue en propiedad su primer director desde abril de 1928. Este nuevo director asume la importante misión de dirigir el curso fuera de las aulas del Liceo de Valparaíso, puesto que por su importante matricula y la necesidad de dotar al curso de un espacio propio, se le cedió para su uso la antigua casona contigua al Liceo en calle Colón Nº 2128, la cual se entregaba para habitación del Director del Liceo. Esta antigua casona albergará hasta fines de la década de 1950 el curso de leyes de que hacemos mención, posteriormente será ocupada por el Instituto Pedagógico y la Escuela de Trabajo Social hasta su destrucción total tras un violento sismo. Actualmente en su antigua ubicación se emplaza esta última Escuela.

Tras el afianzamiento del Curso Fiscal en la casona de Colón se sucedieron importantes directores que desempeñaron una importante labor en nuestra institución y a su vez dejaron una honda huella que perdura hasta nuestros días.

Luego del profesor Cruzat fue designado director don Luis Vicuña Suárez, importante abogado del foro porteño, profesor de Derecho Civil y eximio pianista, de su Dirección se recuerda un importante hito, fue este director quien impuso en 1932 el lema del Curso que corresponde a una frase de Cicerón y que se mandó a imprimir con grandes caracteres a la entrada de la casona de Colón, este decía: “Nos ad Justitiam ese natos” ( Hemos nacido para la justicia). Hoy este lema se conserva bajo el actual símbolo de nuestra Escuela, la efigie de Il Retrato di Valparaíso.

El profesor Vicuña Suárez, tuvo que abandonar su cargo tras sufrir una grave enfermedad que lo llevó a un trágico final, asumiendo los mandos del Curso un mítico personaje del foro nacional, profesor de Derecho Procesal y miembro de la Comisión que redactó y estudió el Código Orgánico de Tribunales, don Jaime Galté, quién de una u otra manera destacó por su labor como profesor y abogado de la Contraloría General de la República, pero además fue conocido internacionalmente como un medium de renombre, siendo también uno de los fundadores de la Sociedad Chilena de Parapsicología.


La Dirección de don Victorio Pescio V.

Don Jaime Galté terminó su periodo siendo sucedido en 1936 y hasta 1964 por el ilustre profesor de derecho civil y notable abogado don Victorio Pescio Vargas, nacido en 1902 en Tacna, se tituló de abogado el 29 de noviembre de 1926, siendo su memoria de prueba sobre “La Fianza”, aprobada con méritos y galardones. Su labor como abogado fue destacada, llegando a imprimirse varios de sus alegatos, siendo recordados muchos de ellos aún en el foro, entre sus principales defensas se recuerdan la del Hospital de Caridad de Quillota y del Alcalde de Viña del Mar Dr. Eduardo Grove, de 1942 y 1945, respectivamente; junto a su alegato ante la Ilustrísima Corte de Apelaciones de Valparaíso en la causa “Gormaz con Universidad de Chile”, recordado como “Los Ingenieros Olvidados”.

Bajo su dirección, la Escuela adquirió un impulso que le permitió, entre otras cosas, convertirse en una de las escuelas universitarias más modernas y mejor equipadas no sólo en el país, sino que del continente, modelo en su género y conocida mundialmente[7]. Sin embargo también tuvo que enfrentar grandes embates que buscaban hacer zozobrar esta institución que se perfilaba como sólida tras su consolidación en el puerto principal.

Es en 1942, el 17 de septiembre tras una visita del Presidente de la República, don Juan Antonio Ríos, en que el Consejo Universitario recogería una propuesta del primer mandatario de suprimir la Escuela de Derecho de Valparaíso. La comunicación fue remitida a los directivos de la Escuela, quienes tenazmente se opusieron y a ello adscribieron los funcionarios docentes y los propios alumnos de esta casa de estudios, entre quienes destacó por su importante labor de defensa al frente de la Federación de Estudiantes, el desaparecido profesor de Derecho Civil, don Juan Guillermo Matus Valencia.

Su Excelencia había señalado que mantener una Escuela de Derecho en la ciudad de Valparaíso significaba un evidente gasto que no podía sustentar el Estado, puesto que era preferible para el Gobierno crear cátedras para formar ingenieros o técnicos en vez de fomentar la abogacía. A este planteamiento se opuso toda la Escuela señalando la importante labor de formación que realiza el Curso Fiscal, y que gran parte de sus alumnos se costean sus estudios, trabajando en diversas reparticiones pública, en las que se desempeñan con notable eficiencia, en suma la Escuela constituye un aporte espléndido en las más variadas actividades de la ciudad[8].

Finalmente los esfuerzos de alumnos como Juan Matus y Ladislao Maluenda y el cuerpo directivo junto a los profesores de nuestra Escuela, rindieron los frutos esperados y la Escuela de Derecho no fue cerrada, siguió en funcionamiento hasta nuestros días.

Tras este importante remezón, el señor Director se dio a la misión de dotar al Curso de Leyes, a esa fecha Escuela de Derecho de Valparaíso, dependiente de la Universidad de Chile, de una infraestructura acorde a sus necesidades y ubicada en un sitio estratégico donde se realce su estructura, el lugar escogido fue la esquina de calle Freire con Errázuriz, terrenos que pertenecían al Fisco y que fueron adquiridos con dineros de la venta de otros ubicados en Las Salinas, tras el recordado juicio donde se publicitó el alegato denominado “Los Ingenieros Olvidados”, pronunciado por el mismo Director ante la Ilustrísima Corte de Apelaciones de Valparaíso. Sería esta el comienzo de una nueva etapa iniciada en 1948 y que culminará con la finalización de la construcción del imponente edificio en 1956. Su propuesta fue muy bien recibida por la Universidad dedicándole incluso un número completo a este sueño, en los Anales de la Facultad de Ciencias Jurídicas del año 1945, en que se incluye una breve reseña histórica redactada por el mismo Director Victorio Pescio y una fotografía de la maqueta del futuro edificio.


La Construcción del edificio de calle Errázuriz 2120.

Don Victorio Pescio, buscó por todos los medios que se podían imaginar las formulas para edificar una moderna estructura que albergara lo que él consideraba elemental, las aulas, una imprenta, una radio y una moderna biblioteca.

Nuestros antiguos profesores aún comentan las maneras como el ilustre maestros consiguió los medios para obtener ingresos, entre ellos se cuentan la dictación de una serie de leyes que permitieron obtener un porcentaje del impuesto pagado en las aduanas de Valparaíso para solventar este curso, otras con las que ingresaba una parte de las apuestas en el Sporting Club de Viña para los mismos fines y las leyes que cambiaron la destinación de los terrenos fiscales de Las Salinas en Viña del Mar y la destinación de sus dineros por las ventas y expropiaciones.

Bajo la rectoría de la Universidad de Chile de don Juvenal Hernández y el decanato de don Raimundo del Rio se inició la construcción del baluarte estudiantil. Para organizar las diversas etapas de la construcción y la incorporación de fondos faltantes se organizó una Junta Inspectiva de la Obra, esta se constituyó el 25 de noviembre de 1948 y en ella participaron Don Victorio Pescio como Director de la Escuela de Derecho de Valparaíso, Don Carlos Mori G. Ingeniero asesor, Don Enrique Marchetti R, Arquitecto de la obra y Don Santiago Ureta G. como representante legal de la empresa constructora “Ureta Hermanos”, todo esto según consta en la escritura otorgada con fecha 27 de septiembre de 1948 en Santiago[9].

Durante la construcción se ocupó junto una serie de materiales a muchos trabajadores, algunos viven hasta nuestros días y aún sus familias trabajan en el edificio, es el caso de la familia Salas, otros en cambio son grandes abogados o funcionarios públicos, notarios, etc. quienes para sustentar sus estudios y obtener un dinero extra pidieron autorización a don Victorio para poder trabajar en la obra a cambio de un jornal o a cambio de un abono a su matricula y arancel.

Durante largos años se sucedió la construcción hasta que finalmente el día 12 de abril de 1952 se llevó a cabo una gran ceremonia en la que se inauguró el cuerpo C-I del edificio, el cual se corresponde con el espacio que actualmente ocupan las salas 1, 2, 3 y 4 junto al hall de alumnos (calle Freire, esquina Errázuriz). A esta ceremonia acudieron el rector de la Universidad de Chile, el secretario de la Facultad, el Ministro de Tierras y Colonización y nuestro Director, quién pronunció una breves palabras al final del acto conmemorativo en que además se entregaron algunos presentes a importantes profesores, de este sencillo acto se guardan dos discos con la grabación de cada ilustre invitado en la Escuela de Derecho y que por años estuvieron guardados por la Radio Valentín Letelier.

Finalmente el edificio de calle Errázuriz, proyectado desde sus orígenes por el arquitecto de la Universidad de Chile, Enrique Marchetti y el ingeniero calculista Carlos Mori Ganna, fue terminado en marzo de 1956, un año después, en septiembre 1957 se invitaba a la comunidad porteña a la inauguración de la majestuosa Aula Magna, la cual estaba dotada de un moderno sistema de sonido, un piano marca Kranich e Bach y un órgano electrónico único en Latinoamérica marca Crompton, dicha aula está totalmente alfombrada y tiene una capacidad de 650 espectadores ubicados en finas butacas americanas.

Por muchos medios se señalaba que el edificio es considerado como el más hermoso, cómodo y bien dotado, no solamente del país, sino de todo el continente[10]. Su estructura y fachada se encuentra completamente revestida de mosaico veneciano traído directamente desde Italia, tenía al tiempo de su inauguración una capacidad para 350 alumnos, distribuidos en ocho salas de clases. En una antigua reseña de “El Mercurio” de la ciudad porteña, publicada para el cincuentario en 1961, se decía: “El edificio contiene obras de arte de un valor artístico inestimable, destacando entre todas la cabeza de una donna romana, obsequio del Gobierno de Italia, extraída de excavaciones realizadas en las cercanías de Roma. Se presume que data del siglo I de la Era Cristiana. (…) Posee numerosas dependencias que brindan al alumnado un ambiente más grato y facilidades especiales. Tiene además, dos aulas extraordinarias: el Aula Magna para 650 personas con una acústica maravillosa (…) y el Aula “Luis Vicuña Suárez” con capacidad para 100 personas. Otros importantes servicios que el establecimiento presta, es el servicio médico con equipos de radioscopía, la clínica dental, servicios de librería y peluquería.

La biblioteca es una de las completas en bibliografía jurídica del país. Está demás, el casino y la fuente de soda. El primero presta atención al alumnado en general y en especial a los alumnos del pensionado masculino “Exequiel Camus Valdés” y a las alumnas del pensionado femenino “Luis Vicuña Suárez””[11].

Por otra parte, el Aula menor, Luis Vicuña Suárez poseía un proyector de películas de 16 mm y estaba revestida de material acústico. En los demás rincones de la Escuela destacan hasta nuestros días, las figuras de esculturas: en el hall central “El honor vence al Engaño”, copia del mármol de Carrara de la obra del escultor renacentista Vicenzo Dante, discípulo de Miguel Ángel, en el hall de alumnos “El Pudor”, obra original del escultor Pierre Feute y que en un principio estuvo asignada para la Escuela de Trabajo Social, ubicada en la punta de diamante del edificio hacia calle General Cruz. En la piscina ubicada a un costado de la cafetería “El pescador”, obra del escultor napolitano Vicenzo Gemito. Por último en el jardín de calle Errázuriz se encuentra una copia en mármol de Carrara del “Neptuno” de Bernini, cuyo original está en la Plaza Navona de Roma, esta obra fue donada por la I. Municipalidad de Valparaíso.

En las dependencias de reuniones, como la Sala de Consejo ubicada en el segundo piso del edificio se encuentran una serie de oleos que son parte de una colección de retratos de ex Rectores de la Universidad de Chile: Domingo Amunátegui, Juvenal Hernández y Juan Gómez Millas, y también ex Decanos: Miguel Varas Herrera, Raimundo del Río C, y Darío Benavente. Estos retratos fueron ejecutados por el pintor nacional, Premio Nacional de Arte, Camilo Mori Serrano. Este mismo pintor, amigo del Director Victorio Pescio alguna vez ofreció pintar los muros del Aula Magna, proyecto que no se concretó pese a publicitarse por medios periodísticos de la zona, sin embargo igualmente el pintor realizó una serie de paneles decorativos representativos de los elementos: aire, tierra, fuego y agua que se encontraban en el comedor de alumnos, en el tercer piso, hoy sala 9.

Finalmente de su estructura destacan los diversos paneles de mosaicos ubicados en distintas zonas del edificio, en la sala de espera de la Dirección de la Escuela se encuentra el mosaico que representa a Cicerón y Catilina en el Senado Romano, confeccionado en mosaico veneciano diseñado en Italia. En la escala de acceso al bar (acceso al cuarto piso) se encuentra “Escena de Valparaíso” del pintor Camilo Mori Serrano. A la entrada de la biblioteca, en el segundo piso se haya el mosaico que representa la entrega del Digesto al emperador Justiniano. En la piscina de la Escuela, se encuentra otro curioso mosaico con las figuras de unos peces y algas, por medio de un torrente de agua que emergía desde su borde superior se creaba una cascada que descendía por él, lo que provocaba el efecto óptico de movimiento de estas figuras. Por último en el tercer piso, al costado del acceso a la Platea Alta del Aula Magna se encuentra un pequeño mosaico que presumiblemente demuestra un juicio romano[12].

Este lujoso edificio fue entregado a la comunidad a mediados de la década del 50, mas su ceremonia de inauguración se llevó a cabo en septiembre de 1961, fecha en que la Escuela celebró 50 años de existencia.


Celebración de los 50 años de existencia.

El antiguo Curso Fiscal de Leyes nacido tras la rebeldía de unos diez alumnos del Curso de los Sagrados Corazones ya cumplía 50 años de existencia y lo hacía con un nuevo edificio, un gran centro de aprendizaje en que se reúne el saber universal, donde se juntan en un solo lugar lo que el maestro Victorio Pescio consideraba la senda a seguir “una Universidad para ser tal requiere una imprenta, una radio y una biblioteca”. El edificio al estar entregado completamente a la comunidad contaba ya con aulas, salas de clases y biblioteca, con el tiempo se le dotó de una imprenta moderna para su época, junto a esto se creó en 1961 un Instituto de Pericias Documentales a cargo de don Sergio Figueroa Cave, quien fue enviado personalmente por don Victorio a estudiar y perfeccionar sus conocimientos a Inglaterra e Italia, a su vuelta a principios de este año, se inauguró este importante servicio para la judicatura porteña. Sus laboratorios se ubicaron en el subsuelo del edificio, en el cuerpo que mira hacia calle Freire.

Sin embargo faltaba aún entregar de manera solemne este edificio y la ocasión de celebrar los 50 años de vida de esta casa de estudios fue acertada para llevar a cabo esta ceremonia. Don Victorio organizó así un importante acto en que participaron grandes personajes del ambiente judicial nacional, senadores, diputados, regidores, representantes de las Fuerzas Armadas, Cónsules y agentes diplomáticos acreditados en Valparaíso, etc. La ceremonia se llevó a cabo en el Aula Magna y constaba de dos partes, una primera parte estaba a cargo del señor Rector de la Universidad de Chile, Don Juan Gómez Millas quién pronunciaría un discurso para luego dar la palabra al Director de la Escuela Don Victorio Pescio; la segunda parte estuvo a cargo del maestro Michael Hemans quien ofreció un recital en órgano de las obra de Haendel “Allegro del Concierto Nº 4”, de Bach “Tocata y Fuga en Re Menor”, de Roger – Ducasse “Pastoral”, y de Vierne “Carrillón de Wetminster”. Posteriormente se ofreció una cena y se repartieron medallas recordatorias de la fecha, en un solemne acto en la Sala de Consejo de la Escuela.

El programa de la ceremonia se llevó a cabo casi a la perfección sino fuera por la intervención del Presidente de la Cámara de Diputados don Jacobo Schaulson, quién solicitó la palabra tras el discurso del Señor Pescio, quien junto con dar una reseña de la Escuela criticó la labor del Poder Legislativo, critica que molesto al Honorable Diputado que sintiéndose agredido lanzó un fuerte discurso contra el Director, lo que causó el reproche de muchos de los asistentes al acto.

Junto a esta celebración, cabe mencionar el obsequio que entregó el Gobierno de Italia a nuestra Escuela, se trataba de una notable escultura original de Vicenzo Gemito conocida como “L’Acquaiolo”, esto es “El Aguador” y que representa un niño desnudo con su ánfora de agua que ofrece un sorbo al caminante. Es una graciosa figura del “scugnizza” napolitano, desgreñado, pero con una sonrisa en el rostro que revela su alegría interior, el regocijo de su alma infantil, pese a toda su miseria. El molde fue ejecutado por un artista italiano de renombre y fundido en los famosos talleres de Pistoia, bajo la vigilancia de un gran amigo de la facultad, el Marqués Gianbattista Renzi di Moriano[13].

Finalmente el edificio ya estaba inaugurado, mas falta una pieza para completar la senda que busca seguir el profesor Pescio, una radio. Durante toda la década de los 50 el mismo Director en persona viajó a Europa, especialmente a Inglaterra a buscar equipos de primera línea para la transmisión de las ondas radiales y en Italia adquirió una gigantesca e invaluable colección de discos de música clásica, los cuales conformaron la primera discoteca de la emisora. A fines de 1961, ya se encontraba instalada la radio, sus estudios de transmisión y grabación en la Escuela, en el tercer piso a un costado del acceso a la Platea Alta del Aula Magna y su antena de transmisión ubicada en el Camino La Pólvora, donde actualmente se emplaza el Centro Penitenciario de Valparaíso. La primera transmisión se realizó el 16 de noviembre de 1961, siendo estas experimentales y controladas en un primer momento por el Secretario de la Escuela don Hugo Muñoz, sin embargo nada de esto hubiese sido posible sin la valiosa colaboración de Don Hernán del Fierro, plantero y encargado de operar la antena de transmisiones en lo alto de Valparaíso. Al año siguiente en el mes de abril, Don Victorio señalaba al Diario La Unión que la radio se encontraba en una fase experimental buscando consolidarse como un aula virtual de la Universidad y una forma de expandir la enseñanza y los conocimientos más allá de las salas de este moderno edificio.


La Escuela sin Don Victorio. Conclusión.

La década del 60 transcurrió con una pesada carga de cambios radicales que provocarían hondos conflictos al interior de la Escuela de Derecho que analizamos, las agitadas aguas provocaron que en 1964, fuese expulsado del edificio por el cual lucho y dio su vida el ilustre Director Don Victorio Pescio, en su cargo asumió don Oscar Henríquez Escobar. Con esto se cierra un gran ciclo y finaliza así la etapa de oro de nuestra Escuela, la actividad cultural comienza a decaer, mientras que disputas internas terminaron por destrozar las relaciones entre los integrantes de esta casa de estudios, algunos de esos quiebres aún son resentidos hasta nuestros días.

En 1968, el 12 de febrero, fallece el ex Director, entre el dolor y los quiebres internos su cuerpo es velado en el hall del edificio que lo desveló y fue en definitiva su magna creación. Finalmente su cuerpo descansa en el Cementerio de Disidentes de Valparaíso.

La Escuela siguió su curso, se incorporan nuevos catedráticos que han sido formados en las mismas aulas, algunos egresados desde calle Colón y otros de Errázuriz. Los planes, por otro lado, de la Universidad de Chile iban en la senda de ampliar su campo de acción en el puerto principal, creando en 1969 la sede de la Universidad de Chile en Valparaíso, con un decano a la cabeza, cargo que fue asumido por don Italo Paolinelli Monti.

Finalmente en cuanto a las obras artísticas se agregan dos nuevos retratos en la Sala de Consejo, uno del profesor Pescio y otro de don Italo Paolinelli pintados tras la muerte de ambos personajes.

Desde 1969 hasta nuestra época nuestra Escuela ha vivido sumida en el silencio, sin actividad cultural y ahora en el siglo XXI, se encuentra en la senda del rescate de su patrimonio por las iniciativas del Grupo de Recuperación Patrimonial y la Comisión Centenario, quienes buscan difundir y potenciar el valor histórico de nuestra casa de estudios en miras a cumplir 100 años de labor educacional en el puerto principal de nuestra nación.



[1] Periódico “El Día” de Valparaíso, 3 de julio de 1910

[2] Periódico “La Unión” de Valparaíso, 3 de julio de 1910

[3] Periódico “El Día” de Valparaíso, 5 de julio de 1910

[4] “Apuntes y notas para una historia de la Escuela de Derecho de Valparaíso”, Memoria de Prueba para optar al grado de Licenciado en Ciencias Jurídicas de Ladislao Maluenda, Valparaíso 1947

[5] Periódico “El Día” de Valparaíso 10 de julio de 1910, 12 de julio de 1910

[6] Ladislao

[7] Periódico “El Mercurio” Valparaíso, jueves 21 de septiembre de 1961

[8] Periódico “El Mercurio” Valparaíso, 14 de septiembre de 1942

[9] Actas Junta Inspectiva de la Obra rescatada por el Grupo de Recuperación Patrimonial de la Escuela de Derecho de la Universidad de Valparaíso.

[10] Periódico “El Mercurio” Valparaíso, 21 de septiembre de 1961

[11] Periódico “El Mercurio” Valparaíso, 21 de septiembre de 1961

[12] Datos extraídos de un antiguo texto sin autor de fecha 1965, encontrado por el Grupo de Recuperación Patrimonial de la Escuela de Derecho.

[13] Periódico “El Mercurio” Valparaíso, 21 de septiembre de 1961

Son pocos los que conocen mi mundo, mas de esta manera quiero hacerlo salir a la luz pública por lo menos en sus tres ejes principales... como diría mi madre puede que sea un Quijote soñador simplemente, mas mi mundo es la escritura y la música, que es lo que encontrarán en este blog...
Aquí podrán encontrar un poco de mi actividad de rescate de nuestra música nacional y latinoamericana extraída de antiguos registros musicales, como también algunos trabajos de poesía y de historia... ojalá mis trabajos y mi labor de rescate sirva a alguna persona, cibernauta que navegue por la web...
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