Recordada por estos días tras cumplirse 100 años de aquella cruel matanza en el norte de nuestro país, es la Cantata Santa María, obra del maestro músico ya fallecido, don Luis Advis e interpretada por varios conjuntos entre ellos el más importante, el Quilapayún, para quien don Luis dedicó la obra y por ello la diseñó especialmente para las voces rudas del grupo y con un marcado sentido social.
La obra como sabemos relata una de las tantas masacres ocurridas en nuestro país a comienzos del siglo XX, plena época en que emerge un movimiento social y de conciencia que los historiadores han llamado como “La Cuestión Social”. La cantata narra la cobarde agresión en contra de un centenar de obreros que bajaron desde las salitreras hasta el puerto grande de Iquique y que agrupados en la Escuela Santa María fueron acribillados por las fuerzas de orden de emergencia de dicho puerto. En otras partes del país se produjeron también grandes huelgas que a su vez, terminaron en otras masacres, así sucedió en Santiago, Concepción, Valparaíso, entre otras, de las cuales son ejemplos la huelga de la carne y los asesinatos ocurridos frente al Mercurio de Valparaíso, bautizado desde ese entonces como “el mata siete”.
Son todos estos hechos, pero especialmente el ocurrido en el norte, en 1907 el que motivó a Luis Advis a escribir esta cantata que musicalmente, como el mismo lo señaló, se apartó de alguna manera de lo que es una tradicional obra de estas características, ya que se abandonó el sentido religioso, el cual se reemplazó por un marcado tinte social; los relatos ya no fueron cantados, sino que hablados por el gran actor Héctor Duvauchelle, los cuales sin embargo, conservaron las armonías y ritmos para ir juntos al acompañamiento instrumental, el cual sólo conservó de lo clásico los bajos, usando un contrabajo y un violonchelo, la restante orquestación quedó de manos de los tradicionales instrumentos que ocupara el grupo corrientemente.
Sin embargo, es el aspecto narrativo el que nos interesa, si examinamos el rico relato que nos presenta la obra, nos damos cuenta de la finura con que Advis nos cuenta los crueles hechos recurriendo a la fineza, en un estremecedor relato humano que dibuja las vivencias de los obreros y sus familias en el fatigoso trayecto por el desierto y luego la hidalguía del “rucio” al enfrentarse sin temor a las armas del general que rodeara tiempo antes la escuela y que terminó perdiendo su vida y encendiendo la matanza que cubrió de sangre al país. Junto a todo eso Advis une en su relato un factor místico y fantástico, la posibilidad del imposible, del volver atrás, desafiar el orden natural de las cosas liberándose de la pobre condición humana. Para entender esto vale recordar algunos pasajes esenciales:
“No hay que ser pobre, hijito
es peligroso.
No hay que nacer, hijito
es peligroso”
El imposible se hace presente al desatarse la tragedia, las condiciones de ser pobre y luchar por los derechos inherentes a cualquier ser humano torna borrascosa la vida y hace no desearla, desafiar al Creador y a la naturaleza y pedir en primera voz no nacer, esta vida así hace más difícil mantenerse en pie y dar la lucha de un obrero, de una madre por su familia, la cual es la única razón, la más sagrada, la que invita a continuar. Hemos de pensar que los obreros bajaron desde la oficina salitrera en la pampa y viajaron hasta Iquique pasando hambre, frío, sed y soportando el incansable astro rey que quema las arenas del desierto y a los caminantes durante toda su jornada, la cual se cumplió junto a toda su familia, todos juntos caminaron con la clara idea de manifestarse y pedir lo que era de ellos, derechos que en nuestro siglo son esenciales. Muchos obreros en estas condiciones tienen que haber pensado y las madres, que también estaban en la escuela, que sus hijos no merecían pasar por estos pesares y es mejor no nacer cuando se es pobre, ya que es peligroso si este quiere salir de esa condición y luchar por lo suyo. Este anhelo de un imposible lo recoge Advis en su cantata.
Las condiciones infrahumanas de los obreros no las merecían los menores y ante tanto infortunio, tanto pesar y la muerte que raudo se acercaba, lleva a contagiarse con este pensamiento de no llegar a existir si eran esas las condiciones… en un grito desesperado que tiene que haber cruzado la mente de muchos de los mártires de 1907, se plasma su pensamiento imposible en la mente de Advis y que se vierte en la obra. Un sueño imposible, una ilusión, pero a la vez una realidad, es mejor no nacer, no estar en ese mundo especialmente si la realidad que se vive no es la más afortunada… un sueño imposible por desgracia, que hasta hoy existe y que esperamos con ansias y he de creer que don Luis en su estrella también lo sueña… que ya no exista este imposible y que ya nacer no sea un peligro, pues la pobreza no existirá y ya no habrán obreros o mujeres que sacrifiquen sus vidas por luchar por sus más elementales derechos.
Como dijo Advis… “unámonos como hermanos que nadie nos vencerá, si quieren esclavizarnos jamás lo podrán lograr”.
La obra como sabemos relata una de las tantas masacres ocurridas en nuestro país a comienzos del siglo XX, plena época en que emerge un movimiento social y de conciencia que los historiadores han llamado como “La Cuestión Social”. La cantata narra la cobarde agresión en contra de un centenar de obreros que bajaron desde las salitreras hasta el puerto grande de Iquique y que agrupados en la Escuela Santa María fueron acribillados por las fuerzas de orden de emergencia de dicho puerto. En otras partes del país se produjeron también grandes huelgas que a su vez, terminaron en otras masacres, así sucedió en Santiago, Concepción, Valparaíso, entre otras, de las cuales son ejemplos la huelga de la carne y los asesinatos ocurridos frente al Mercurio de Valparaíso, bautizado desde ese entonces como “el mata siete”.
Son todos estos hechos, pero especialmente el ocurrido en el norte, en 1907 el que motivó a Luis Advis a escribir esta cantata que musicalmente, como el mismo lo señaló, se apartó de alguna manera de lo que es una tradicional obra de estas características, ya que se abandonó el sentido religioso, el cual se reemplazó por un marcado tinte social; los relatos ya no fueron cantados, sino que hablados por el gran actor Héctor Duvauchelle, los cuales sin embargo, conservaron las armonías y ritmos para ir juntos al acompañamiento instrumental, el cual sólo conservó de lo clásico los bajos, usando un contrabajo y un violonchelo, la restante orquestación quedó de manos de los tradicionales instrumentos que ocupara el grupo corrientemente.
Sin embargo, es el aspecto narrativo el que nos interesa, si examinamos el rico relato que nos presenta la obra, nos damos cuenta de la finura con que Advis nos cuenta los crueles hechos recurriendo a la fineza, en un estremecedor relato humano que dibuja las vivencias de los obreros y sus familias en el fatigoso trayecto por el desierto y luego la hidalguía del “rucio” al enfrentarse sin temor a las armas del general que rodeara tiempo antes la escuela y que terminó perdiendo su vida y encendiendo la matanza que cubrió de sangre al país. Junto a todo eso Advis une en su relato un factor místico y fantástico, la posibilidad del imposible, del volver atrás, desafiar el orden natural de las cosas liberándose de la pobre condición humana. Para entender esto vale recordar algunos pasajes esenciales:
“No hay que ser pobre, hijito
es peligroso.
No hay que nacer, hijito
es peligroso”
El imposible se hace presente al desatarse la tragedia, las condiciones de ser pobre y luchar por los derechos inherentes a cualquier ser humano torna borrascosa la vida y hace no desearla, desafiar al Creador y a la naturaleza y pedir en primera voz no nacer, esta vida así hace más difícil mantenerse en pie y dar la lucha de un obrero, de una madre por su familia, la cual es la única razón, la más sagrada, la que invita a continuar. Hemos de pensar que los obreros bajaron desde la oficina salitrera en la pampa y viajaron hasta Iquique pasando hambre, frío, sed y soportando el incansable astro rey que quema las arenas del desierto y a los caminantes durante toda su jornada, la cual se cumplió junto a toda su familia, todos juntos caminaron con la clara idea de manifestarse y pedir lo que era de ellos, derechos que en nuestro siglo son esenciales. Muchos obreros en estas condiciones tienen que haber pensado y las madres, que también estaban en la escuela, que sus hijos no merecían pasar por estos pesares y es mejor no nacer cuando se es pobre, ya que es peligroso si este quiere salir de esa condición y luchar por lo suyo. Este anhelo de un imposible lo recoge Advis en su cantata.
Las condiciones infrahumanas de los obreros no las merecían los menores y ante tanto infortunio, tanto pesar y la muerte que raudo se acercaba, lleva a contagiarse con este pensamiento de no llegar a existir si eran esas las condiciones… en un grito desesperado que tiene que haber cruzado la mente de muchos de los mártires de 1907, se plasma su pensamiento imposible en la mente de Advis y que se vierte en la obra. Un sueño imposible, una ilusión, pero a la vez una realidad, es mejor no nacer, no estar en ese mundo especialmente si la realidad que se vive no es la más afortunada… un sueño imposible por desgracia, que hasta hoy existe y que esperamos con ansias y he de creer que don Luis en su estrella también lo sueña… que ya no exista este imposible y que ya nacer no sea un peligro, pues la pobreza no existirá y ya no habrán obreros o mujeres que sacrifiquen sus vidas por luchar por sus más elementales derechos.
Como dijo Advis… “unámonos como hermanos que nadie nos vencerá, si quieren esclavizarnos jamás lo podrán lograr”.

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